Descripción:
Pensar en el próximo decenio en materia de eficiencia productiva, competitividad y desarrollo sostenible requiere mirar lo ya obrado en el decenio anterior. Lo que se pensaba hacia fines del siglo pasado era cómo superar las barreras que impedían que el sistema productivo incorporara la visión preventiva de la contaminación a menores costos. El consenso generado por entonces bajo el liderazgo de los países más avanzados y los organismos internacionales (Onudi, Pnuma, OCDE) apuntaba a identificar los correctos incentivos para una estrategia que jugara a ganador: mejorar la eficiencia de las empresas introduciendo innovaciones preventivas (cambio de procesos y productos) en vez del control o abatimiento de emisiones o el pago compensatorio por la contaminación a los afectados.
La respuesta que se definió en Chile a nivel de política pública estableció como prioridades el desarrollar instrumentos de fomento, sistemas de información, abordar temas regulatorios, formación de capacidades y, sobre todo, un esquema de cooperación público-privada. Incorporando principios como la gradualidad, la voluntariedad y la prevención se llegó al modelo de Acuerdos de Producción Limpia, que al mirar sus resultados, se ha mostrado como exitoso, como lo prueba el que desde 1999 se han logrado más de 50 acuerdos suscritos, cubriendo una amplia gama de sectores y temáticas e involucrando empresas de todo tamaño a lo largo de todo el país.
El futuro de Chile en el próximo decenio depende de manera crítica de resolver los temas de sustentabilidad ambiental, lo cual es especialmente sensible para los sectores exportadores, en su mayoría asociados a la explotación o transformación de recursos naturales. El disminuir el impacto ambiental, mejorar la gestión del recurso agua, contar con fuentes de energía de manera sostenible, proteger las áreas silvestres son temas comunes en la agenda tanto de la minería, como de la pesca, la acuicultura, la industria de alimentos e incluso el emergente sector de turismo de intereses especiales. A ello se suman consumidores más exigentes y concientes respecto de los temas de inocuidad alimentaria y cambio climático, así como una mayor sensibilidad de las comunidades aledañas a los centros productivos.
Lo que se presenta en el siguiente documento, es una síntesis de los logros y desafíos a partir de esta novedosa experiencia que, al tenor de los consensos políticos al final de este período, nos abren la perspectiva de mirar al 2020 como un horizonte donde las empresas y los consumidores, habrán adoptado definitivamente esta nueva forma de abordar las externalidades negativas que trae asociada la transformación productiva, con el fin de ofrecer bienes y servicios de calidad, de una manera innovadora, preventiva y productiva.
Documento: